Editoriales

Buenos Aires 01 de Agosto del 2022

SENSACION DE HAMBRE / FEELING OF HUNGER

 

Sensación de Hambre|
Interacción de Leptina y Grelina

 

                                                                     
                                                                  Dr. Volker Schusdziarra 
                                                                   
Technical University of Munich Else-Kröner
                                                              Fresenius Center of Nutritional Medicin Munich, Alemania
                                                                                                  Conferencia 2014

                                                          

 

Introducción

La sensación de hambre es la fuerza impulsora interna para la ingesta de alimentos.
El tiempo que pasamos comiendo está limitado por la sensación de saciedad que interrumpe la captación de nutrientes y energía durante un período de tiempo variable de hasta varias horas. Esta interrupción es necesaria para un procesamiento suficiente de los sustratos ingeridos por los mecanismos digestivos y reabsortivos para obtener tanta energía y sustratos como sea posible. La saciedad se asocia con sensaciones como comodidad, bienestar, satisfacción, relajación, etc. pero definitivamente no con alguna sensación de malestar.
Para una correcta regulación de los ciclos hambre/saciedad que ocurren varias veces al día se precisan algunas estructuras clave. Las señales de saciedad para concluir la ingesta de alimentos se originan en el aparato digestivo, que también contribuye a la recurrencia del apetito y el hambre. Esto permite una modificación directa e inmediata de la ingesta de alimentos en relación con:
1) la calidad y cantidad extremadamente variables de los alimentos ingeridos disponibles
2) las capacidades digestivas necesarias para una asimilación óptima.
Estos mecanismos pueden responder de inmediato a los cambios fásicos de la conducta alimentaria.
Se requiere un segundo sistema regulador que es la imagen en espejo del estado nutricional y energético global del organismo. En condiciones ideales esto debe originarse en el tejido adiposo propiamente dicho y permitir una modulación tónica por retroalimentación del sistema regulador fásico.
Por último, las señales provenientes de mecanismos fásicos y tónicos deben ser integradas en el sistema nervioso central junto con informaciones sensitivas y cognitivas importantes. Las últimas constituyen la fuerza impulsora externa de la ingesta de alimentos que anulan fácilmente las señales de saciedad internas. La reducción intencional de la ingesta de alimentos a través de mecanismos cognitivos requiere un proceso de aprendizaje intensivo a menos que se deba a aversión.

Regulación inmediata y aparato digestivo

En el hombre, así como en muchas otras especies, se generan señales de saciedad en el estómago.Sólo se observaron señales intestinales cuando se infundieron cantidades suprafisiológicas de grasa en el yeyuno distal o el íleon a una velocidad de 3 a 5 kcal/min. Esta cantidad de grasas nunca alcanza el intestino inferior bajo condiciones fisiológicas dado que la velocidad fisiológica con la cual se evacua la grasa desde el estómago es mucho menor y pocas veces excede 1 kcal/min. Esta idea es sustentada por un estudio reciente que muestra que incluso una infusión grasa hipercalórica (3 kcal/min) no tiene ningún efecto sobre la ingesta de alimentos cuando se administra por vía intraduodenal. 
Además, un ritmo de infusión intraduodenal fisiológico y también moderadamente suprafisiológico de una dieta líquida mixta no afectó la ingesta de alimentos. 
En este contexto es extremadamente importante la observación clínica de que los pacientes que no tienen estómago luego de la gastrectomía quirúrgica tienen ausencia total de sensación de hambre y saciedad, lo que demuestra que en el hombre la pérdida de los sistemas reguladores gástricos no puede ser compensada por los mecanismos orosensitivos e intestinales o por mecanismos metabólicos posabsortivos. Los pacientes gastrectomizados tienen que intensificar el entrenamiento de los mecanismos cognitivos para mantener la energía y la homeostasis de sustratos.
El mecanismo más importante para la activación de las señales de saciedad gástrica es el llenado y la distensión del estómago. La distensión con balón o el llenado gástrico por una solución de guarmanitol altamente viscosa redujo significativamente la ingesta ulterior de alimentos. Rolls y col. llegaron a resultados similares cuando administraron diferentes volúmenes de alimento líquido directamente en el estómago o al aumentar el volumen de los elementos alimentarios más naturales de distintas formas.
La influencia de los tres macronutrientes: grasa, proteína e hidratos de carbono en la ingesta de alimentos ha sido examinada en algunos estudios detallados. Se compararon las grasas y los hidratos de carbono en estudios a largo plazo y en varios experimentos de alimentación por cortos períodos, también con el agregado de comidas proteicas. En todos estos estudios no se observaron diferencias en los puntajes de hambre-saciedad ni en las cantidades del alimento ingerido que producían saciedad. Bastante similares fueron los resultados de estudios que emplearon precargas de nutrientes específicos y que registraron la ingesta posterior de alimentos. Cuando el volumen de la precarga era idéntico en hidratos de carbono y grasa tuvieron efectos comparables sobre la ingesta posterior de alimento. 
En relación con las precargas ricas en proteínas, algunos estudios sugirieron que las proteínas tienen mayor efecto sobre la saciedad que los hidratos de carbono mientras que otros estudios demostraron efectos idénticos sobre las evaluaciones de hambre-saciedad y la ingesta posterior de alimentos. Debemos señalar que algunos estudios demostraron un efecto de la precarga de proteínas sobre la sensación de saciedad-hambre, mientras que la ingesta posterior de alimentos siguió siendo idéntica.
Es necesario determinar si esto significa que la ingesta de proteínas podría llegar a evitar los tentempiés entre las principales comidas debido a la falta de ataques intermitentes de hambre.
Un problema importante de la nutrición moderna es la alta densidad de energía definida como las kcal por gramo de producto alimentario ingerible. Mientras que la cantidad de alimento determina la saciedad y la interrupción de la alimentación, el contenido de energía no afecta la generación de las señales de saciedad. Se demostró en estudios a largo plazo y experimentos de alimentación por períodos breves.
Por lo tanto, el consumo de alimentos ricos en alta energía inevitablemente conduce a un balance positivo de energía, sobre todo porque la ingesta de energía en las comidas posteriores no es reducida por ningún mecanismo compensador. En este contexto los elementos alimenticios líquidos y las bebidas que contienen energía tienen especial importancia dado que son rápidamente evacuados del estómago y no contribuyen al llenado ni a la distensión gástricos.

La conexión entre el estómago y el sistema nervioso central

Las señales de saciedad inducidas por las distensión son transferidas desde el estómago hasta los centros hipotalámicos de la regulación de la alimentación a través de fibras vagales aferentes. Esto conduce a la estimulación de neuropéptidos anorexígenos. Por otra parte, la vagotomía bilateral no modifica el patrón de la alimentación ni el aumento de peso en varias semanas, lo que indica que factores hormonales compensan la pérdida de aferencias nerviosas, fenómeno que había sido demostrado antes en varios experimentos de alimentación por períodos breves. Las hormonas responsables de este efecto aún no se conocen. Al considerar la situación de pacientes gastrectomizados y los estudios con cargas de nutrientes intestinales, las hormonas intestinales tienen menor relevancia o ninguna en este contexto. No obstante, durante varias décadas se ha afirmado un papel importante de las hormonas intestinales. La colecistocinina (CCK), el péptido 1(7-36 amida) similar al glucagón, el péptido YY (PYY) u oxintomodulina redujeron la ingesta de alimentos sólo cuando se infundieron dosis suprafisiológicas de estas hormonas.
Aunque las señales de saciedad son predominantemente una cuestión de transducción de señales nerviosas entre el estómago y el hipotálamo, la recurrencia del apetito y el hambre se encuentra bajo control gástrico a través de una vía endocrina. La grelina, una hormona de origen gástrico descubierta recientemente, es un candidato importante para este brazo de regulación de la alimentación. Estimula el apetito y la ingesta de alimentos luego de la administración periférica o intraventricular cerebral.cLas concentraciones plasmáticas disminuyen luego de la ingestión de alimentos ricos en hidratos de carbono y regresan a los valores basales durante la fase posprandial tardía e interdigestiva. La disminución inicial de la grelina plasmática posprandial podría sostener la estimulación de las señales de saciedad mediada por el vago y, más tarde, con la elevación de la grelina, podría estimular nuevamente el apetito y la ingesta de alimentos. La prueba de una contribución de la grelina posprandial a la generación de saciedad inmediata es algo débil. Se producen concentraciones bajas de grelina aproximadamente 60 minutos después de una saciedad máxima. Además, la distensión gástrica, que es importante para el efecto de saciedad de una comida, no contribuye a la supresión de la grelina.La contribución de la grelina a la recurrencia del apetito y del hambre en la fase posprandial tardía podría tener mayor importancia, lo que es sostenido por varios datos experimentales. Ya sea que estas perturbaciones de la grelina plasmática en efecto tengan o no relevancia fisiológica en el hombre es una cuestión que todavía no se ha resuelto. Las pruebas de un papel fisiológico de la grelina provienen de estudios en ratones, donde un antagonista del receptor de la grelina reduce la ingesta de alimentos. La disminución crónica de grelina en ratones con inactivación genética no produce atenuación o produce una atenuación moderada del aumento de peso durante una dieta hipergrasa. Asimismo, la inactivación del receptor de la grelina no tiene ningún efecto en los ratones machos que reciben una dieta estándar, mientras que reduce la ingesta de alimentos en las hembras y durante una dieta hipergrasa en ambos sexos.
En el hombre, por otra parte, no existen estudios con dosis fisiológicas bajas de infusión de grelina que inicien alteraciones posprandiales de las concentraciones plasmáticas. Todas las hormonas que estimularon la secreción de hormona de crecimiento deben ser consideradas suprafisiológicas, dado que la hormona de crecimiento no aumenta después de las comidas.
La meseta y la amplitud de las concentraciones posprandiales de grelina dependen de la concentración nutricional del organismo. Las concentraciones plasmáticas basales de grelina están aumentadas en los estados de desnutrición, como la caquexia y la anorexia nerviosa, mientras que la obesidad se asocia con grelina basal más baja.
Los cambios del peso corporal se asocian con cambios inversos correspondientes de las concentraciones plasmáticas de grelina, respectivamente.
Una razón de las menores concentraciones de grelina en los individuos obesos podría ser la elevación de la insulina. El papel inhibidor de la insulina es sostenido por:
1) algunos estudios de infusión de insulina
2) estudios en el estómago aislado de rata, la insulina es un inhibidor potente de la secreción de grelina
3) la necesidad de reposición de insulina para supresión posprandial de la grelina en la diabetes tipo 1. La contribución de la insulina a la supresión de la grelina basal parece tener importancia en los individuos obesos con hiperinsulinemia. La correlación inversa entre insulina y concentraciones de grelina en individuos obesos con hiperinsulinemia y sin ella es significativa (r = -0.371; p < 0.0001).

Leptina y control tónico de la alimentación

La masa de células grasas del tejido adiposo es la imagen especular del equilibrio de energía del cuerpo. En condiciones ideales, cualquier información relevante acerca de la abundancia o el déficit de energía debe originarse en el tejido adiposo. Por un lado, es conveniente tener una reserva de energía lo más grande posible para aumentar al máximo las posibilidades de supervivencia en los períodos de privación de alimento e inanición. Desde esta perspectiva, una limitación del aumento de peso debido a un incremento del tejido adiposo parece ser algo poco razonable. Sin embargo, es necesario considerar que el exceso de peso disminuye la movilidad del individuo, lo que torna al organismo vulnerable en términos de lucha o huida y finalmente pone en peligro las posibilidades de supervivencia.
Todos los factores secretados por las células adiposas en cantidad suficiente como para aumentar sus concentraciones plasmáticas son candidatos potenciales para modificar el sistema regulador inmediato entre estómago e hipotálamo. En este contexto, el sistema principal es definitivamente la leptina, que es producida predominantemente en la grasa blanca y secretada desde ésta en proporción a la cantidad de adipocitos. En consecuencia, los sujetos obesos muestran concentraciones mayores de leptina en plasma que los delgados y los cambios en el peso corporal se asocian con un cambio respectivo de la leptina circulante. Sin embargo, las concentraciones de leptina circulante no cambian de inmediato con la ingesta de una comida, lo que sostiene el concepto de que se trata de un factor de saciedad tónico y no inmediato. La leptina desempeña un papel importante en el control del peso corporal dado que su deficiencia conduce a un aumento espectacular de peso tanto en los animales como en el hombre.
Sin embargo, casi todos los sujetos obesos no tienen deficiencia de leptina, sino concentraciones plasmáticas elevadas correspondientes a su peso corporal. Al parecer, el papel regulador de la leptina para controlar el peso corporal está algo alterado.
La leptina puede modular la alimentación a través de tres vías:
* En primer lugar, la leptina puede modular las señales neuroendocrinas aferentes vagales originadas en el estómago.
* Segundo, interactúa con gran cantidad de neuronas que participan en la regulación hipotalámica de la conducta alimentaria. La leptina estimula la actividad de varios neuropépticos anorexígenos como α-MSH/POMC, CART o GLP-1 e inhibe la señal de alimentación del grupo orexígeno a través de NYP, MCH, opioides endógenos u orexina. Por lo tanto, la leptina transmite información del estado nutricional del organismo directamente desde el depósito de energía hacia los centros reguladores en el encéfalo.
* Tercero, la leptina es un inhibidor potente de la hormona gástrica estimuladora del apetito, la grelina.
En el hombre, es difícil examinar el efecto de la leptina sobre los aferentes vagales y la actividad de los neuropéptidos del SNC. Por lo tanto, la interacción entre leptina y grelina podría dar algunos conocimientos sobre este problema, siempre que la interacción leptina-grelina sea la imagen especular de las otras vías reguladoras de la leptina.
En los sujetos obesos, las concentraciones basales de grelina son más bajas comparadas con los controles delgados, lo que se asocia no sólo con una insulina plasmática elevada sino también con las concentraciones de leptina.
Como se ha mostrado que la insulina es un inhibidor potente de la liberación de grelina in vitro e in vivo se ha sugerido que la insulina es responsable de la alteración de la respuesta de la grelina.
Sin embargo, en una cohorte de sujetos con sobrepeso y sujetos obesos con bajas concentraciones basales de insulina (n = 93, 19 hombres/74 mujeres; edad 46.6 ± 1.3 años) comparables con las de los sujetos de peso normal (n = 100, 37 hombres/63 mujeres; edad 38.0 ± 1.4 años), existe una reducción importante de las concentraciones de grelina asociada con concentraciones elevadas de leptina, lo que extiende los datos previamente comunicados de la interacción entre leptina y grelina a una cohorte más grande. A partir de estos datos es posible argumentar que la influencia tónica negativa de la leptina sobre la regulación de la alimentación está intacta y no contribuye al problema de sobrepeso y obesidad. Sin embargo, un análisis más detallado de la relación de leptina y grelina desenmascara el problema. Existe una relación inversa entre leptina y grelina en los varones hasta concentraciones de leptina de 10 ng/ml (Figura 3) (r = -0.498, p < 0.001). En adelante, no se observa ningún incremento más de la grelina a pesar de los valores mayores de leptina. Además, en las mujeres no se observó esta relación inversa con ninguna concentración de leptina (r = -0.11, n.s.). Estos datos demuestran una diferencia específica de sexo hasta ahora desconocida en la interacción entre leptina y grelina. Al menos en los varones, la leptina parece ser un modulador potente de las señales alimentarias con un peso corporal normal y un sobrepeso moderado, mientras que en las mujeres y en los hombres obesos no se aprecia esta función. Por su falta de eficacia en los sujetos obesos, debe considerarse que el peso corporal ha estado muy probablemente más en el intervalo de IMC de 20 kg/m2 durante millones de años y nunca ha existido una demanda real de un sistema de control con niveles de IMC por encima de 30 kg/m2. Esta podría ser al menos una explicación posible de la aparente "resistencia a la leptina" en la gran mayoría de los sujetos obesos.
Es difícil explicar la relación inversa faltante en mujeres de peso normal, pero podría indicar que fuera de la regulación de la alimentación, la leptina tiene mayor importancia en otros aspectos, como su papel en el aparato reproductor.

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Introduction

The feeling of hunger is the internal driving force for food intake.
The time we spend eating is limited by the feeling of satiety that interrupts the uptake of nutrients and energy for a variable period of time of up to several hours. This interruption is necessary for sufficient processing of ingested substrates by the digestive and reabsorptive mechanisms to obtain as much energy and substrates as possible. Satiety is associated with sensations such as comfort, well-being, satisfaction, relaxation, etc. but definitely not with any sense of discomfort.
For a correct regulation of the hunger/satiety cycles that occur several times a day, some key structures are needed. Satiety signals to conclude food intake originate in the digestive system, which also contributes to the recurrence of appetite and hunger. This allows a direct and immediate modification of food intake in relation to:
   1) the extremely variable quality and quantity of available ingested food
   2) the digestive capacities necessary for optimal assimilation.
These mechanisms can respond immediately to phasic changes in eating behavior.
A second regulatory system is required, which is the mirror image of the overall nutritional and energetic status of the organism. Ideally this should originate from the adipose tissue itself and allow for tonic feedback modulation of the phasic regulatory system.Finally, signals from phasic and tonic mechanisms must be integrated into the central nervous system along with important sensory and cognitive information. The latter are the external driving force for food intake that easily override internal satiety signals. The intentional reduction of food intake through cognitive mechanisms requires an intensive learning process unless it is due to aversion.

Immediate regulation and digestive system

In man, as in many other species, satiety signals are generated in the stomach.Intestinal signals were only observed when supraphysiological amounts of fat were infused into the distal jejunum or ileum at a rate of 3 to 5 kcal/min. This amount of fat never reaches the lower intestine under physiological conditions since the physiological rate at which fat is evacuated from the stomach is much slower and rarely exceeds 1 kcal/min. This idea is supported by a recent study showing that even a hypercaloric fat infusion (3 kcal/min) has no effect on food intake when administered intraduodenally.
Furthermore, a physiological and also moderately supraphysiological intraduodenal infusion rate of a mixed liquid diet did not affect food intake.
In this context, the clinical observation that patients who do not have a stomach after surgical gastrectomy have a total absence of feelings of hunger and satiety is extremely important, demonstrating that in man the loss of gastric regulatory systems cannot be compensated. by orosensory and intestinal mechanisms or by post-absorptive metabolic mechanisms. Gastrectomy patients have to intensify the training of cognitive mechanisms to maintain energy and substrate homeostasis.
The most important mechanism for the activation of gastric satiety signals is the filling and distention of the stomach.Balloon distention or gastric filling with a highly viscous guarmannitol solution significantly reduced subsequent food intake. Rolls et al. They found similar results when they administered different volumes of liquid food directly into the stomach or by increasing the volume of more natural food items in different ways.
The influence of the three macronutrients: fat, protein and carbohydrates on food intake has been examined in some detailed studies. Fats and carbohydrates were compared in long-term studies and in various short-term feeding experiments, also with the addition of protein meals. In all these studies, no differences were observed in the hunger-satiety scores or in the quantities of food ingested that produced satiety. Quite similar were the results of studies that used specific nutrient preloads and recorded subsequent food intake. When the preload volume was identical in carbohydrate and fat they had comparable effects on subsequent food intake.
Regarding high-protein preloads, some studies suggested that protein has a greater effect on satiety than carbohydrate while other studies demonstrated identical effects on hunger-satiety assessments and subsequent food intake.It should be noted that some studies demonstrated an effect of protein preload on satiety-hungry sensations, while subsequent food intake remained the same.
Whether this means that protein intake could lead to avoidance of snacking between main meals due to lack of intermittent hunger pangs needs to be determined.
A major problem in modern nutrition is high energy density defined as kcal per gram of ingestible food product. While the amount of food determines satiety and feeding interruption, energy content does not affect the generation of satiety signals. It was shown in long-term studies and short-term feeding experiments.
Therefore, the consumption of high-energy foods inevitably leads to a positive energy balance, especially since the energy intake at subsequent meals is not reduced by any compensatory mechanism. In this context, liquid food items and energy-containing drinks are of particular importance since they are quickly evacuated from the stomach and do not contribute to gastric filling or distension.

The connection between the stomach and the central nervous system

Bloat-induced satiety signals are transferred from the stomach to the hypothalamic centers of feeding regulation via vagal afferent fibers. This leads to the stimulation of anorexigenic neuropeptides. On the other hand, bilateral vagotomy does not change the feeding pattern or weight gain over several weeks, indicating that hormonal factors compensate for the loss of nerve input, a phenomenon that had been previously demonstrated in several short-term feeding experiments. . The hormones responsible for this effect are not yet known. When considering the situation of gastrectomy patients and studies with intestinal nutrient loads, intestinal hormones have less or no relevance in this context. However, for several decades an important role of intestinal hormones has been affirmed. Cholecystokinin (CCK), glucagon-like peptide 1(7-36 amide), peptide YY (PYY), or oxyntomodulin reduced food intake only when supraphysiologic doses of these hormones were infused.
Although satiety signals are predominantly a matter of nerve signal transduction between the stomach and the hypothalamus, the recurrence of appetite and hunger is under gastric control through an endocrine pathway. Ghrelin, a recently discovered hormone of gastric origin, is an important candidate for this arm of feeding regulation.It stimulates appetite and food intake after peripheral or intraventricular cerebral administration.c Plasma concentrations decrease after ingestion of high-carbohydrate foods and return to baseline values ​​during the late postprandial and interdigestive phase. The initial decrease in postprandial plasma ghrelin could sustain vagus-mediated stimulation of satiety signals and, later, with the elevation of ghrelin, could again stimulate appetite and food intake. The evidence for a contribution of postprandial ghrelin to the generation of immediate satiety is somewhat weak. Low concentrations of ghrelin are produced approximately 60 minutes after maximal satiety. Furthermore, gastric distention, which is important for the satiety effect of a meal, does not contribute to ghrelin suppression. which is supported by various experimental data. Whether or not these perturbations of plasma ghrelin actually have physiological relevance in man is an unresolved question. Evidence for a physiological role for ghrelin comes from studies in mice, where a ghrelin receptor antagonist reduces food intake. Chronic depletion of ghrelin in knockout mice results in no or moderate attenuation of weight gain during a high-fat diet.Likewise, ghrelin receptor inactivation has no effect in male mice receiving a standard diet, while it reduces food intake in females and during a high-fat diet in both sexes.
In man, on the other hand, there are no studies with low physiological doses of ghrelin infusion initiating postprandial alterations in plasma concentrations. All hormones that stimulate growth hormone secretion should be considered supraphysiological, since growth hormone does not increase after meals.
The plateau and amplitude of postprandial ghrelin concentrations depend on the nutritional concentration of the organism. Basal plasma ghrelin concentrations are increased in states of malnutrition, such as cachexia and anorexia nervosa, whereas obesity is associated with lower basal ghrelin.
Changes in body weight are associated with corresponding inverse changes in plasma ghrelin concentrations, respectively.
One reason for the lower ghrelin concentrations in obese individuals could be elevated insulin. The inhibitory role of insulin is supported by:
1) some insulin infusion studies
2) studies in the isolated rat stomach, insulin is a potent inhibitor of ghrelin secretion
3) the need for insulin replacement for postprandial ghrelin suppression in type 1 diabetes. The contribution of insulin to basal ghrelin suppression appears to be important in obese individuals with hyperinsulinemia. The inverse correlation between insulin and ghrelin concentrations in obese individuals with and without hyperinsulinemia is significant (r = -0.371; p < 0.0001).

Leptin and tonic control of feeding

The fat cell mass of adipose tissue is the mirror image of the body's energy balance. Under ideal conditions, any relevant information about energy abundance or deficit should originate from adipose tissue. On the one hand, it is desirable to have as large an energy reserve as possible to maximize the chances of survival in periods of food deprivation and starvation. From this perspective, a limitation of weight gain due to an increase in adipose tissue seems to be somewhat unreasonable. However, it is necessary to consider that excess weight decreases the mobility of the individual, which makes the organism vulnerable in terms of fight or flight and ultimately endangers the chances of survival.
All the factors secreted by adipose cells in sufficient quantities to increase their plasmatic concentrations are potential candidates to modify the immediate regulatory system between the stomach and the hypothalamus. In this context, the main system is definitely leptin, which is produced predominantly in white fat and secreted from it in proportion to the number of adipocytes. Consequently, obese subjects show higher plasma leptin concentrations than lean subjects, and changes in body weight are associated with a respective change in circulating leptin.However, circulating leptin concentrations do not change immediately with the ingestion of a meal, supporting the concept that it is a tonic rather than an immediate satiety factor. Leptin plays an important role in body weight control since its deficiency leads to dramatic weight gain in both animals and man.
However, almost all obese subjects do not have leptin deficiency, but elevated plasma concentrations corresponding to their body weight. The regulatory role of leptin in controlling body weight appears to be somewhat impaired.
Leptin can modulate feeding through three pathways:
* First, leptin can modulate vagal afferent neuroendocrine signals originating in the stomach.
* Second, it interacts with a large number of neurons involved in the hypothalamic regulation of eating behavior. Leptin stimulates the activity of various anorexigenic neuropeptides such as α-MSH/POMC, CART, or GLP-1 and inhibits the orexigenic group feeding signal via NYP, MCH, endogenous opioids, or orexin. Therefore, leptin transmits information on the nutritional status of the body directly from the energy store to regulatory centers in the brain.
* Third, leptin is a potent inhibitor of the gastric appetite-stimulating hormone, ghrelin.
In man, it is difficult to examine the effect of leptin on vagal afferents and CNS neuropeptide activity.Therefore, the interaction between leptin and ghrelin could give some insights into this problem, provided that the leptin-ghrelin interaction is the mirror image of the other leptin regulatory pathways.
In obese subjects, basal ghrelin concentrations are lower compared to lean controls, which is associated not only with elevated plasma insulin but also leptin concentrations.
As insulin has been shown to be a potent inhibitor of ghrelin release in vitro and in vivo, it has been suggested that insulin is responsible for the altered ghrelin response.
However, in a cohort of overweight and obese subjects with low basal insulin concentrations (n ​​= 93, 19 men/74 women; age 46.6 ± 1.3 years) comparable to those of normal weight subjects (n = 100, 37 males/63 females; age 38.0 ± 1.4 years), there is a significant reduction in ghrelin concentrations associated with elevated leptin concentrations, extending previously reported leptin-ghrelin interaction data to a larger cohort. From these data it is possible to argue that the negative tonic influence of leptin on feeding regulation is intact and does not contribute to the problem of overweight and obesity. However, a more detailed analysis of the relationship between leptin and ghrelin unmasks the problem. There is a relationship